Murcia en verano es una ciudad fantasma.
Calles desiertas, aparcamientos por todas partes, calor insoportable, ninguna sombra donde esconderse, silencio...
Pero también llena de fantasmas.
Justo ayer me crucé con uno de ellos.
- Rubia! Rubiaaaaa! ¿Quieres hacerme un trabajito esta tarde? Algo rápido...
El colega, obrero de la construcción y mayorcito para gilipolleces, estaba acompañado de otros dos tíos que le reían la gracia. No me digné ni a mirarlo.
Hay ocasiones en que prefiero hacerme la sorda para no liarla (porque soy matona pero pequeña y tengo las de perder), pero me dieron ganas de decirle:
Y tan rápido, mamón, contigo no tengo ni para empezar.
