El otro día estaba en pilates (que no os quiero alarmar, pero entre el pilates y el poco comer que me deja el aparato me estoy poniendo buenorrísima) y la profesora se puso a hablar con otra chica de una cena que habían tenido.
Profesora- Y tu amiga S, qué? Se lo pasó bien, no?
Compañera- Sí, si pasárselo se lo pasó bien, pero es muy cansina. Luego fuimos a tomar una copa a otro bar y todo el rato llorándome...muy cansina, muy cansina.
(Yo ahí me imaginé que la amiga lo acababa de dejar con el novio y que estaba en la fase de llorarle a sus amigas por las esquinas)
Compañera- Joder, es que hay que tomarse las cosas de otra manera...no se puede estar así...llorando a cada rato...por mucho que tu marido se esté muriendo.
Y JO-DER, yo soy optimista por naturaleza, siempre intento sacarle punta a todo y sonreír.
Pocas veces he llorado en público, muy pocas, creo que las cuento con una mano, pero coño, si alguna vez lo necesito, espero que mis amigos estén ahí.
En la salud y en la enfermedad.
Sin obligación.
Sin necesidad de contrato.
Porque los amigos están a las buenas y a las maduras.
Porque cuando un amigo llora, tú lloras con él.
Porque sois familia.
Y la familia, duele.