
Todos los días de camino al trabajo paso por delante de la misma cafetería, a las 8 a. m., abierta y con gente desayunando. Pero fue sólo hace unos días que me fijé en el camarero. Es un chico joven y parece gracioso (digo parece porque el tiempo entre que paso y lo veo son segundos y no da para hacerle un retrato robot).
Pero ya es una rutina, tengo que pasar y verlo y además más de una vez hemos cruzado miradas (humm).
Hoy conforme pasaba lo he buscado detrás de la barra, pero no estaba. Mieeerda. Seguro que estaba en la cocina/almacén/yo que sé. Maaal.
Pero no, mi día no podía empezar así. Tampoco es que dependa de eso para ser bueno o malo (no estoy tan pirada), pero buee, es la primera sonrisa del día y eso ayuda.
La cuestión es que hoy no lo he visto en la cafetería porque había salido a comprar el periódico y sí, ahora sí, he podido confirmar que es gracioso (de momento le daría un Tú si que vales, porque lo del talento hay que demostrarlo, jejej).
Iba mirando el periódico pero ha levantado la vista justo cuando pasaba, justo para cruzar su mirada con la mia, justo para alegrarme el día.